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martes, 26 de mayo de 2020
lunes, 10 de febrero de 2020

El sistema de bancales, casetas y “mosals” en piedra seca de Escartín, declarado Bien de Interés Cultural

El conjunto se declara BIC en la categoría de conjunto de interés cultural, lugar de interés etnográfico

El Consejo de Gobierno del Ejecutivo aragonés ha acordado esta mañana la declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de conjunto de interés cultural, lugar etnográfico, al sistema de bancales, casetas y “mosals” en piedra seca de Escartín, ubicado en el término municipal de Broto (Huesca). Este conjunto constituye un testimonio de los aprovechamientos de la sociedad preindustrial en el Pirineo, vigentes en muchos pueblos altoaragoneses hasta primeros de los años sesenta del pasado siglo, momento en el que la emigración generalizada supuso importantes cambios en el mundo rural.

Se trata de un conjunto de construcciones que, casi en círculos concéntricos, rodea el núcleo deshabitado de Escartín. Se trata de elementos construidos en piedra seca y ligadas a actividades agropastoriles. Destacan las paredes de bancales (utilizados para controlar luchar contra la erosión), las casetas (como refugio contra las inclemencias del tiempo y para guardar herramientas), las salineras (utilizadas de manera que sobre varias piedras planas se disponía la sal que se proporcionaba al ganado), los pilones de pastores (habituales puntos de reunión) y los “mosals”. Estas últimas estructuras son las más excepcionales del conjunto. En muchas zonas de Aragón son conocidos como “muideros” y tienen un carácter casi único en Aragón. Se trata de un recinto o corral específicamente destinado al ordeño, formado por tres paredes alargadas y abierto por uno de sus lados.

Este tipo de elementos ejemplifica una técnica constructiva como la de la piedra seca a la hora de crear y organizar el paisaje agrícola, dando lugar a estructuras arquitectónicas perdurables y, generalmente, destinadas a usos auxiliares, así como la delimitación de terrenos en los que se produce la acción humana sobre la naturaleza. En este sentido, la piedra seca es un modelo del respeto e integración en el entorno rural de las generaciones que nos preceden y un ejemplo de sostenibilidad para la arquitectura actual.

En el caso del conjunto, ahora protegido, de Escartín es preciso destacar su diversidad tipológica, su singularidad y su estado de conservación, ya que, si bien se han conservado testimonios de arquitectura de piedra seca en las tres provincias aragonesas, el conjunto de piedra seca de este núcleo resulta excepcional por testimoniar un ejercicio de intensa antropización del paisaje.

En definitiva, la relevancia etnográfica del enclave, el interés de la técnica empleada en su construcción, el hecho de reunir diferentes sub tipologías constructivas propias de la arquitectura tradicional ligada al pastorea, así como los usos y conocimientos asociados al mismo, su buen estado de conservación y el valor ecológico-cultural del elemento, justifican su declaración como Bien de Interés Cultural.

La técnica de la piedra seca

Precisamente la UNESCO incluyó recientemente la técnica de la piedra seca –al igual que la Tamborada- en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural de la Humanidad, el máximo reconocimiento y protección al que puede aspirar un bien inmaterial en todo el mundo, un proceso en el que contó con el apoyo y respaldo del Gobierno de Aragón. En concreto, el Departamento de Educación, Cultura y Deporte colaboró intensamente en la candidatura participando en la preparación del expediente y llevando a cabo distintas iniciativas. De hecho, la Dirección General de Cultura y Patrimonio declaró esta técnica como Bien Catalogado Inmaterial del Patrimonio Cultural Aragonés en 2016.

Esta técnica es un rasgo universal de la interacción humana con el medio ambiente natural y consiste en superponer piedras unas sobre otras sin utilizar ningún material para unirlas. La estabilidad de las estructuras se garantiza mediante la cuidadosa selección y colocación de las piedras y las estructuras que forman han dado forma a diversos paisajes y han creado distintos modos de vivienda, agricultura y ganadería.

En gran parte del territorio de Aragón se conservan numerosos testimonios de patrimonio inmueble erigido según esta técnica constructiva. En su mayor parte, estas construcciones datan del siglo XIX y comienzos del XX, aunque en algunos casos se remontan al siglo XVIII. Si bien estos ejemplos se distribuyen en las tres provincias aragonesas, hay focos donde se conserva especialmente, como en las comarcas turolenses del Maestrazgo, Matarraña, Bajo Martín, así como en las comarcas oscenses de Jacetania, Alto Gállego, Sobrarbe o Somontano de Barbastro; sin olvidar ejemplos zaragozanos muy localizados, como en el Alto de la Muela (Comarca de Valdejalón) o La Ciesma de Grisel (Comarca de Tarazona).

Estas formaciones atestiguan los métodos y las prácticas utilizadas por las personas desde la prehistoria hasta la actualidad para organizar sus espacios de vida y de trabajo mediante la optimización de los recursos naturales y humanos locales. Desempeñan, además, un papel esencial en la prevención de deslizamientos, inundaciones y avalanchas, y también en la lucha contra la erosión y la desertificación de la tierra. De esta manera, mejoran la diversidad y crean condiciones microclimáticas adecuadas para la agricultura.


 

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